
Según dijo, un día fue a robar a una iglesia y encontró la luz. Estaba pronto a saquear el plomo del techo y “lo tocó la vara del Señor”. Allí, como por arte de magia, decidió cambiar su vida de criminal por el sacerdocio.
Cuando la luz lo tocó, salió de la cárcel, se sometió a cinco años de formación teológica en la universidad y llegó a ser pastor en Devon.
El vicario tatuado, como lo conocen ahora, relata: “Tengo plena condición de reverendo”. Sobre su pasado, enfatiza: “Cuando no estaba cometiendo un delito era porque estaba durmiendo”.

Después de haber escapado de una vida de violencia y delincuencia, estableció una vida tranquila en un soñoliento pueblo de Devon, con su esposa Andrea, con quien tiene dos hijos pequeños.
“Yo solía inyectarme heroína, tomar cocaína y fumar cannabis, pero ahora soy otro”, asegura el párroco quien es noticia por haber lanzado recientemente su libro “Condenado”, donde relata todos estos hechos.
Fuente: En Segundos