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11 febrero 2015

Tener tiempo es Oro

Por Diego Sosa.- El adagio que reza “el tiempo es oro…” es muy cierto, pero la filosofía que sigo es: “Tener tiempo para lo que quiero es oro.” Es que saber que algo vale es una cosa, poseerlo es diferente y sacarle provecho es otra.

La realidad es que todos tenemos tiempo, 24 horas diarias, ni más ni menos. Pero no todos lo utilizamos en lo que determinamos como prioritario para nuestra felicidad. Insisto, la felicidad no es una meta, es el camino que recorremos cada día.

Como todos tenemos la misma cantidad de tiempo: ¿Cómo algunos logran más que otros? ¿Por qué unos andan apresurados por la vida mientras otros relajadamente hacen todo lo que se proponen? ¿Debido a qué no encontramos tiempo para lo que pensamos debemos hacer? Las respuestas son diversas, las causas muy reducidas y la realidad una.

Si nos aparece una emergencia y dejamos de hacer todo para ponerle atención es porque lo otro no es realmente tan vital como pensábamos. Cuando las tareas pendientes no son de vida o muerte tendemos a patearlas hasta que se conviertan en tal. Y así nuestro día pasa entregándole el tiempo a cosas que son menos prioritarias y cuando no podemos aplazar más lo que tenemos pendiente lo hacemos. Pero en el camino les hemos entregado a otros un tiempo precioso que retiramos de nuestra cuenta propia. Si no es egoísta no llegará a ser eficiente con su tiempo.

No le propongo hacer menos, sino como detallo en mi libro ¿No tienes tiempo? el truco es hacer más. 
Cuando estamos bajo presión hacemos más. Cuando no tenemos tiempo no lo perdemos. Cuando el tiempo apremia somos más efectivos. Entonces, la realidad es una… no podemos hacer menos si necesitamos hacer más… debemos hacer más para vivir menos estresados.

-¿Cómo hacer más, Diego?
Muy sencillo,
· Cada tarea es prioritaria y tiene que salir de nuestros pendientes.

· No se deje quitar tiempo por nadie; no deje que la gente le hable de más, termine y salga o haga que se retiren… aunque parezca grosero, recuerde, es su tiempo, es su felicidad.

· No deje las cosas por mitad; aunque alguien le llegue, tome un par de minutos para terminar o dejarlo donde sea fácil continuar.

· No espere que le llamen para terminar un proceso.

· Póngale plazos a los demás y persígalos; la única forma que su tarea se convierte en urgente para el otro es cuándo él siente la presión, de lo contrario, es un pendiente más… Lamentable, pero cierto. Al cumplidor nadie tiene que atacarlo.

· No le regale su tiempo personal a los clientes dejándolos que le hablen de más; es que si no termina las tareas en el tiempo de trabajo acabará tomando su tiempo personal para poder cumplir… no tengo que aclararle que eso destruye su calidad de vida.

· No se comprometa con más de lo que pueda; a la corta o a la larga no podrá cumplir y eso hace que no cumpla ni siquiera con lo que realmente puede.

Ya sé, es muy fácil decirlo para mí que soy independiente, el que es empleado tiene que hacer más de lo que se puede… Y le aclaro, no es posible poder más de lo que se puede. La ineficiencia inicia con tratar de hacer más de lo que es posible, uno termina no pudiendo ni siquiera hacer lo que es posible. 
Tenga una lista y ejecute, no espere acordarse de las cosas… por favor, tome el control, sepa lo que es posible y lo que no, o no podrá vivir en paz y estar feliz por lograr lo que es posible… que sea como sea es lo máximo que podrá lograr.


09 febrero 2015

Dime con quién andas y te diré quién quieres aparentar ser


Por Diego Sosa.- En tiempos en los que es fácil mostrarse en lugares y con personas, el viejo adagio ha ido cambiando la filosofía que le dio vida. La idea era que podíamos saber cómo era una persona dependiendo de la manada a que se pertenecía. Como es importante ser reconocidos, hoy nos unimos a un rebaño virtual para que crean que somos así.

Desde siempre hubo personas que se unieron a manadas para que creyeran que eran como ellos. Los varones lo conocemos muy bien, pertenecer al grupo de los más respetados (temidos en realidad) era un triunfo. El éxito entre las féminas se ponía más a la mano (eso pensábamos) y nadie se atrevía a retarnos… se las vería con toda nuestra trulla.

Las damas jóvenes también tenían sus grupos: Las estudiosas, las bonitas, las apetecidas, las temibles, etc.

No siempre ingresábamos a una manada por ser como el resto, la mayoría entraba por lograr lo que conseguían los que estaban dentro. Algunos sólo fuimos parte del grupo, otros dirigentes. Los líderes del rebaño sí eran verdaderamente identificados con los dogmas del mismo. Lo importante para la mayoría era conseguir reconocimiento dentro de una parte de la sociedad, la que consideramos que nos hace grandes… que hace que nos admiren.

La realidad es que no queríamos pertenecer a la manada por sus dogmas. No éramos con quién andábamos, queríamos que nos vieran así. O sea, queríamos aparentar ser con quién andábamos para conseguir lo que ellos tenían.

El dinero comienza a jugar un rol primordial cuando crecemos. Pertenecer a una manada exitosa es cuestión de tener la posibilidad de aparentar ser como sus integrantes. Si los exitosos van a un restaurante, ahí es que tengo que ir; si ellos viajan a un lugar, también esquío en ese sitio; si hay un hotel que los famosos frecuentan, no puedo dejar de ir; y los vehículos, vecindarios y lujos tienen que ser iguales.

Las redes virtuales han formado manadas virtuales. Ahora es fácil mostrar que estamos en los mismos lugares que otros, aunque no sea al mismo tiempo. Lo importante ahora no es estar con una manada físicamente, sino comportarse como ella… son las manadas virtuales. Para pertenecer a ellas sólo hay que colgar el mismo tipo de fotos: Lugares (hoteles, restaurantes, selfis en el baño, conciertos, etc.); comidas (siempre que sean caras dan estatus); posiciones (no aclararé, todos las conocen); y mucho más.

El dinero para alcanzar el estatus es lo más importante. Aparentar lo que los otros son nos lleva virtualmente a donde los otros están. Lo que muchos no han aprendido es que todos estamos conscientes de que eso es virtual, y no en el sentido cibernético, sino que todos sabemos que hoy el dinero que se muestra no es el que revierte de estatus. Cuando vemos muchas fotos demostrativas en las redes “sociales” sabemos que alguna deficiencia real existe. O el dinero está corto o la autoestima está baja. Los que en realidad tienen dinero de cuna y muestran su dinero es en competencia dentro de su clase social. Posiblemente sus padres no lo muestran y ellos sienten que los discriminarán (baja autoestima). Los que hicieron sus grandes fortunas con su arduo trabajo no desperdician su bien ganado dinero aparentándole a los demás… sin embargo, son reconocidos por todos como arduos trabajadores y exitosos profesionales.


FRASE DE LA SEMANA
“No me grites todo el tiempo quién eres que lo que pretendes ocultar es lo único que puedo ver.”
Diego A. Sosa 
Coach, Consultor, Conferencista y Escritor