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20 marzo 2012

Manuela Diez (Jiménez) su vida e importancia


Mujer que jugó un importante papel político en los sucesos que condujeron a la proclamación de la República 
en febrero de 1844.

Nació en Santa Cruz del Seybo, el veintiséis o el veintisiete de junio de 1786, hija de Antonio Diez, natural de la villa de Osorno, en la provincia de Palencia, España, y de Rufina Jiménez Benítez, de Santa Cruz del Seybo.

Se casó hacia 1800 con Juan José Duarte, posiblemente en Mayagüez, Puerto Rico, según supone el notable historiador Vetilio Alfau Durán. Tuvo tres hermanos: Antonio, Mariano y José Acupérnico, y ocho hijos: Vicente Celestino, Juan Pablo, Filomena, Rosa, María Francisca, Manuel, Ana María y Sandalia. Murió en Caracas el treinta y uno de diciembre de 1858.

De ella dice Alfau Durán: "El hecho solo de haber dado a la Patria y ¿por qué no? a la América, un hombre de la altura moral y política de Juan Pablo Duarte, le da pleno derecho a doña Manuela Diez a ocupar un puesto distinguido en el grupo selecto de las mujeres de la Independencia. Pero hay que consignar, en honra de la verdad histórica, que a causa del apostolado de su hijo, cual otra Dolorosa, sacrificó su patrimonio, derramó lágrimas amargas, sufrió persecuciones sin cuento hasta ser arrojada para siempre, en unión de sus hijos huérfanos, a llorar su viudez y a terminar su vida en una tierra extraña, en cuyo suelo se confundieron en lamentable y doloroso olvido sus huesos venerables...".

En La Madre de Duarte, un poema de Ramón Emilio Jiménez, éste expresa: "Manuela Diez Jiménez ¡quién ayer te dijera / que tu ser había sido por Dios predestinado / para que de él naciera el héroe inmaculado / que dio a la democracia del mundo otra bandera! / Fuiste para el Patriota como una sementera, / alma de redención, carne de apostolado, / y como barro puro que encierra oro preciado, / oro de libertad tan noble entraña era...".

La calle Manuela Diez se extiende desde la Manuel Ubaldo Gómez, en Villa Consuelo hasta la Albert Thomas, en María Auxiliadora.

Manuela Diez, olvidada por los historiadores como muchas otras dominicanas

Manuela Diez, al igual que muchas dominicanas, es una gran olvidada por los historiadores dominicanos. Como figura de nuestra historia con méritos propios, no existe. Sólo la reconocemos a través de la vida de su hijo, Juan Pablo Duarte.

Sin embargo, como madre y mujer constituye un modelo a seguir no sólo por haber parido y educado a uno de los hombres más firmes, ideológicamente hablando, y con una moral inquebrantable, sino por haber luchado junto con él y sus demás hijos para apoyar el proceso de liberación nacional dejando en ese largo camino la seguridad que da el dinero, la comodidad del hogar en el suelo patrio y la tranquilidad que tantos otros prefirieron mantener a costa de claudicar, abandonando su compromiso con la Patria.

Con estas consideraciones, la historiadora Natacha González Tejera resume el historial patriótico, revolucionario y maternal de la dama de "altas prendas morales y de virtudes acrisoladas" que fue la madre de Duarte.

Para la catedrática de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, los méritos de Manuela Diez "son muchos. En sus actuaciones, en su andar por la Patria, a través de sus hijos, encontramos a una mujer firme, dedicada, de gran valor y con incomparable capacidad de sacrificio. Soportó el destierro en dos ocasiones: en su juventud, acompañando a su esposo a Puerto Rico, y en su madurez, terminando su largo peregrinar por la vida en Venezuela".

"Soportó la persecución, el hostigamiento del enemigo, la violencia de los allanamientos al hogar y a sus negocios. Tuvo que vivir la vergüenza de ser expulsada de su patria por constituir, junto a los suyos, un peligro para los traidores que se alzaron con el poder luego de la Independencia. Tanta coherencia y dignidad eran imposibles de soportar por ellos", añadió González Tejera.

A juicio de la educadora y escritora, Manuela Diez es, por sí misma, una figura histórica digna de recordar, emular y reverenciar en nuestro país, merecedora de que la reconozcan con una importante vía de la Capital y con otras del interior de la República. "Hasta el momento, según Natacha González Tejera, "los dominicanos no se han ocupado de considerarla como un personaje digno de una biografía en enciclopedias o en recopilaciones biográficas".

Una calle en el barrio Villa Consuelo es probablemente el único homenaje que ha recibido la progenitora del Padre de la Patria. Se conoce de ella apenas una foto y un par de medias, ya amarillentas, que usó en vida y que se exhiben en el Instituto Duartiano. Las breves referencias a su existencia aparecen dispersas en las obras dedicadas a exaltar la memoria de su vástago. Los apuntes enaltecen a la madre que enseñó los primeros rudimentos de lectura a Juan Pablo, hacia 1817, la que compartió con él, "en silencio, los días sin luz que fueron largo vía crucis", la que cedió sus bienes a petición del hijo, la que murió desterrada, casi olvidada, en Caracas.

"El tres de marzo de 1845, fresca aún la sangre de María Trinidad Sánchez, recibe un pasaporte para el extranjero y con él, orden de realizar a la mayor brevedad su salida con todos los miembros de su familia, evitándose el Gobierno, de este modo, emplear medios coercitivos para mantener la tranquilidad pública en el país". Embarca con los suyos para la Guaira, donde llega el veinticinco de ese mes y año, y permanece ahí hasta el seis de abril cuando se traslada a Caracas. "De su estada en Venezuela nada importante sabemos. No volvió a su patria. Tenemos cortas noticias", escribió Emiliano Tejera.

VIDA DE ADVERSIDADES

No sólo las actividades políticas fueron causa de tormento para doña Manuela. El hijo que la llevó del brazo camino del exilio, Manuel, "se volvió loco ante el cuadro de tristezas de su familia". Otra hija, Sandalia, "fue virgen y mártir en la aurora de su juventud florida", al decir de Federico Henríquez y Carvajal. La niña es descrita como de imagen fugaz y melancólica "que siendo de poquísimos años fue robada por unos filibusteros norteamericanos y murió a poco de haber reaparecido, víctima de extraña e incurable tristeza".

Un párrafo de Joaquín Balaguer en su extensa biografía de Duarte, compendia la existencia de la sufrida mujer: "Doña Manuela, a quien cierto egoísmo de familia pudo haber conducido a emplear el ascendiente que tenía sobre su vástago para disuadirlo de una obra tan arriesgada como era la de demoler el despotismo haitiano, no entorpeció tampoco la labor del más amado de sus hijos, heredero de la ejemplar entereza de aquella mujer de gallardía espartana. Cuando llegó la hora de sacrificar sus bienes para que su propio hijo los convirtiera en fusiles y en cartuchos, o a la hora de expatriarse para sobrellevar los sinsabores de su viudez en tierra extraña, afrontó la adversidad con intrepidez conmovedora".

Agrega que "el espíritu de sacrificio con que la madre asiste, en actitud silenciosa, primero a sus trabajos revolucionarios y después a su larguísima expiación, es una de las causas que más poderosamente contribuyeron a sostener el carácter de Duarte, que jamás se doblegó ni bajo el peso del infortunio ni bajo el rigor de las persecuciones. Los padres fueron, sin duda, dignos del hijo, y éste fue, a su vez, digno de la estirpe moral de sus progenitores". 


25 octubre 2011

Biografía Concepción Bona y Hernández

 Calles de Villa Consuelo

Concepción Bona y Hernández es considerada como una de las Madres de la Patria de República Dominicana y ejemplo a seguir por todas las mujeres dominicanas; junto a María Trinidad Sánchez, contribuyó a confesionar la primera Bandera Dominicana; dos años antes de nacer esta haroíca mujer, se inicia la ocupación haitiana en territorio dominicano, por lo que a Bona le toca crecer bajo la dominación haitiana.

Datos Biográficos

Concepción Bona nació el 6 de diciembre de 1824 en la ciudad de Santo Domingo, bajo el dominio haitiano, es hija de uno de los firmantes del Manifiesto del 16 de enero de 1844, documento que represnta el Acta de la Independencia Nacional, don Ignacio Bona. También era sobrina de unos de los próceres de la Independencia Nacional, Juan Alejandro Pina, también uno de los fundadores de La Sociedad Secreta La Trinitaria.

Cuándo Jean Pierre Boyer, toma poseción del territorio dominicano en 1822, se produjo un choque político y cultural entre los dos países, ya que los haitianos tenían una base cultural franco-africana y el publo dominicano había sido educado de otra manera, con una base cultural hispánica, por esta razón se les impuzo una represión militarizada, a cargo de Gerónimo de Borgellá, el cual se encargó de reclutar jovenes para el servicio militar de Haití.

Debido a que Bona creció, en el seno de una familia humilde, pero honrrada y que seguía las ideas patrióticas de Juan Pablo Duarte, ella y su familia se integraron a la causa independientista dominicana, por lo que junto a María Trinidad Sánchez, confesionó con telas finas la bandera tricolor, la cual fue enarbolada por todo lo alto en la Puerta del Conde el 27 de febrero de 1844, por las tropas independientistas.

Según los historiadores dominicanos, fue ella misma quién la entregó al general, padre y prócer de la patria Francisco del Rosario Sánchez, quién dio el primer cañonazo en la Puerta de la Misericordia, Bona fue a compañada por su prima María de Jesús Pina. El 28 de febrero de ese mismo año, cuando le sol sale se ve la bandera tricolor confesionada por Bona y María Tinidad, nace la República Dominicana.

Bona contrajo nupcias con Marcos Gómez y Carvajal, del cual nacieron cinco hijos: Marcos Antonio, Manuel de Jesús, José María, Elvira y Rafael María.

Fallece el 2 de julio de 1901.